martes, 31 de mayo de 2016

CURIOSAS COSAS ENVIADAS Y RECIBIDAS POR CORREO



Historia del Correo

CURIOSAS COSAS ENVIADAS Y RECIBIDAS POR CORREO

POR JOSÉ IVARS
Agrupación Filatélica de Calp.



Como si de irse a jugar se tratara, el niño que va
a viajar como paquete por correo
posa tan feliz y tranquilo
El mundo del Correo a lo largo de toda su historia, nos ofrece un sinfín de anécdotas, historias y curiosidades con las que podríamos llenar miles de folios y descubriríamos todo un mundo que nos parece habitual, pero no lo es. Y si habituados estamos a entender la correspondencia como el envío ó recepción de cartas, postales y/ó paquetería, sumergirnos en la historia del correo nos hace ver que este medio de comunicación, con siglos de historia, ha servido en alguna ocasión para enviar y recibir algo que no fue precisamente documentación escrita.

La revista EL ECO FILATÉLICO, nº 233 de fecha 15 de enero de 1956, en su interior publica como noticia curiosa que extraen de la revista "Correos”, que en la localidad inglesa de Bucking-Hampsihie, uno de sus carteros recibió un curioso paquete para entregar, que además iba “Certificado”, que se salía de lo habitual al tratarse de una vaca de nombre “Flosie”. Prosigue la nota indicando que el granjero remitente del curioso paquete, le costó enviar a “Flosie” 13,50 libras de la época (desconocemos el año), para un envío de unos 20 km. Es de pensar que era habitual esto de enviar “vacas” por correo, ó el pobre granjero no tenía otra forma de transportar la res.
 

Recorte de la noticia aparecida en el ECO FILATÉLICO
sobre el envío de Vacas por Correo
La nota de prensa da más detalles de otros curiosos envíos por correo, y así indica que años antes se admitió por el correo inglés, el envío de un “niño” que llegó a destino sano y salvo, como buenos profesionales que son los carteros. Asombroso no?. Al hilo de esta curiosidad, es muy conocida la historia de Charlotte, que fue una niña de 9 años, envía por correo. Si como se lee, una niña enviada por correo como paquete. Corrían los primeros años del Siglo XX y Estados Unidos abría al envío de paquetería al uso domestico, sin una normativa clara, que hizo que en todo el país se produjera una expansión brutal en este tipo de envíos.

Imagen de Charlotte May
Pierstorff
Pero nadie esperaba que esta falta de normativa diera lugar a que en la pequeña localidad de Grangeville (Idaho) y con destino a Lewiston, saliera un día de febrero de 1914, un paquete un tanto peculiar. El paquete se registró con un peso de 22 kilogramos y debía recorrer la distancia de 117 km., y se trataba de la niña de 9 años Charlotte May Pierstorff, que sus padres mandaron a casa de sus abuelos, y aprovecharon que los envíos por correo, y sin norma que lo impidiera, resultaban mucho más económico que el viaje en el ferrocarril de la época. Como curiosidad decir que sus padres pagaron el envío con un sello de 53 centavos de dólar que era la tarifa que se aplicaba para el envío de gallinas, pegado a su ropa y siempre visible en todo el viaje. Como todo paquete, este también corrió el riesgo de equivocar el destino, pero se salvó al poder el mismo, la niña, hablar y corregir al cartero el destino al que iba la niña.

Una de las muchas imágenes
que se pueden ver del envío
de niños por Correo

  Aunque desde siempre se pensó que este fue el primer caso de envío de un niño por correo, algunos estudiosos dieron con casos anteriores al de la niña Charlotte, que resultó ser el tercer caso que se registrabaa en EE.UU. El primer caso resulta más sorprendente si cabe, al tratarse del envió de un “Bebe” de tan solo 4,9 Kilogramos, envío que tuvo lugar un en enero de 1914, recorriendo una milla y con un coste para sus padres de 15 centavos de dólar. La historia se repitió, y el New York Times recogió la noticia del envío de otro niño de 2 años de edad, para visitar a su abuela en Oklahoma, recorriendo 25 millas, y donde el cartero en la entrevista afirmó que “...el niño llevó todo el tiempo el sello de 25 centavos puesto en el cuello...y lo separamos de la zona de la paquetería para sentarlo junto a los empleados de Correos que íbamos en el vagón del tren”.
Si por distancia se tratará, el record de envío de niños por el correos estadounidense, lo tiene la niña Edna Neff, que viajo la friolera cifra de 1.164 km., desde Pensacola (Florida) donde vivía su madre, a Christianburg (Virginia). Todo este trajín de niños enviados por correo finalizó en el año 1915 cuando el gobierno americano lo prohibió tajantemente, aunque se conocen al menos 2 casos más que se saltaron la prohibición.


Litografía de Samuel Rowse publicada en el año 1850. Fuente wikipedia
Aunque son muchos los casos de envío de cosas poco usuales a través del correo, y que seguramente nos ocupará futuras publicaciones, terminamos esta de hoy, hablando de un caso un tanto insólito con un final feliz. La historia tiene como protagonista al esclavo Henry Brown, quien en 1830 en enviado a una plantación de tabaco en Virginia, contando con tan solo 15 años de edad. Pasados los años, en 1848, Henry, casado ya y con 3 hijos, y a la espera del cuarto, conoce que su mujer y sus hijos han sido vendidos y aunque intentó alcanzarles, no llegó a tiempo. Su desesperación por liberar a su familia le hizo idear un plan para lo que contaría con la ayuda de un antiguo esclavo liberalizado de nombre James Cesar Anthony, que en contacto con Samuel Alexander Smith, quien sería uno de los que más lucharía por abolir la esclavitud. El plan era tan sugerente como que para viajar hasta la plantación donde estaba su familia, y como no era libre por lo que viajar le estaba totalmente prohibido, la idea era hacer el viaje por correo. Para ello y tras conseguir el dinero que suponía enviarle a el dentro de una caja como paquete, lo introdujeron en la caja que se suponía eran productos textiles, y viajo el día 23 de marzo de 1849 durante 27 horas. El final, que suponemos feliz al reencontrarse con su familia, no deja de ser igualmente sorprendente y una vez más vemos que la historia del Correo siempre nos llenará de curiosas anécdotas.


Fuente consultada:
Archivo autor.


















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