29 marzo 2026

Lo que la prensa nos contó (91)... DIVERSAS NOTICIAS LUCTUOSAS SOBRE EL CORREO, QUE APARECIERON EN LA PRENSA

 

 

Lo que la prensa nos contó… (91)

…Y LA PRENSA NOS SIGUE SORPRENDIENDO

Por José Ivars Ivars
Académico de la RAHFeHp
©Ifac Filatélico

 

Esta sección, en la que revisamos, repasamos y visualizamos noticias publicadas en su momento, algunas hace mucho tiempo, sobre el correo, los sellos y su coleccionismo, y en general todo aquello que atañe a la Filatelia como ciencia y como pasatiempo, cada vez se hace más y más interesante. Una sección en la que desde el prisma de hoy, podemos ver noticias que se anunciaron hace tiempo. Las hemerotecas en definitiva son testigos de cada momento, un conjunto de publicaciones que nos permiten, desde la comodidad del hogar, viajar al pasado. Y en ocasiones ese viaje, es una verdadera sorpresa lo que hallamos.

Las noticias son muy variadas, de todos los temas imaginables, algunos de ellos bien podrían ser razón de una novela o relato novelado. Y si la prensa de la época lo publicó, no vamos a cuestionar en absoluto su veracidad. Seremos simplemente fieles lectores y animados curiosos.

El Pueblo se cansa y hay consecuencias.

El “Diario Constitucional, Político y Mercantil de Barcelona” (Nº 264) en su edición del domingo 21 de setiembre (sic) de 1823 (pág. 2), nos muestra una noticia fechada en Mahón (Baleares) el 6 de agosto de ese mismo año. La noticia habla de una luctuosa situación que al parecer sucedió en una “villa” del Campo de Gibraltar, y que la prensa recoje por haberlo anunciado un barco o buque atracado en el puerto de Mahón procedente de Gibraltar.


Según este periódico, el Administrador de Correos de esta villa de la que no se da más datos que el pertenecer al Campo de Gibraltar, ha sido asesinado nada más y nada menos que por la propia gente de la población. El asunto parece inverosimil y más cuando se prosigue la lectura de la noticia que esgrime las razones de tal macabro y populoso asesinato, al afirmar que lo hiceron por los modos que este oficial de Correos tenía con la correspondencia que debía entregar.

Al parecer, el Administrador de la Oficina de Correos (sin saber de donde) “…a más de proteger la correspondencia de los feotas y descubrir la de los patriotas (…) era muy pancista y amigo de las comodidades…”. Y es que sus formas, el como procedía con la correspondencia, al parecer tenía a sus convecinos en pie de guerra. Este periódico indica que “…despues de recibida la valija, tardaba más de cuatro ó cinco horas en distribuir las cartas…”, pero no por otra razón justificada, sino porque así tenía más tiempo para hacer “…sus picardias…”, que vete tu a saber cuales sería.

Pero amigos mios, llegar a quitarle la vida al pobre cartero por muchas picardias que hiciera el hombre, ya roza el absurdo más divino. Al final ya vemos que “….el pueblo manda…”.

¿Quién fue aquel picaro cartero? ¿De que ciudad gaditana fue cartero? Qué rabia da que la prensa no de todas las pistas necesarias para conocer la historia completa. Si alguien conece detalles de esta historia, esta sección se lo agradecerá.

Tomarse la justicia por su mano.

Nos vamos ahora al año 1878, y a una zona de la provincia de alicante, en el interior, a la localidad de “Muro”, hoy llamada también como Muro de Alcoy. Según relata el periódico de Alicante “El Graduador”, en su edición del día 9 de noviembre de aquel año, se iniciaba el servicio de correos, por medio de coches, entre Alicante y Játiva por Alcoy (1 de noviembre de 1878), servicio que al parecer no a todos los alcaldes por donde pasaba, les agradó en la misma medida.

Muro por entonces disponía de una simple cartería, que ya era mucho para aquella época, y la conducción de este servicio no contemplaba pasar por el interior de la población (la carretera no pasaba por la población), lo que suponía que el encargado de la cartería, tenía que salir cada día a recoger y entregar la correspondencia, las veces que esta pasase. Y eso al Sr. Alcalde de Muro, no le sentó nada bien. Y no se le ocurre otra cosa que ya el primer día del servicio, el citado 1 de noviembre de 1878, salió al encuentro del correo a la misma carretera como señal de protesta, pero la máxima autoridad de Muro, ejerció todo su poder y acudió “… con fuerza armada…”, como cita el periódico.

El propósito no era otro que el de obligar al conductor de la diligencia o carruaje que llevaba la correspondencia y seguramente también pasajeros, para que se desviara de su itinerario, y entrase en la localidad. ¡Ay con el Sr. Alcalde! Esto enfadó al parecer al propio Administrador Principal de Correos de Alicante, que por entonces era D. José Bermúdez de la Corte (estuvo al frente de la Administración Principal de Correos de Alicante entre 1875 y 1881), quién enterado de la situación y de que el Sr. Alcalde continuó con tales tropelías, dicto orden dejando claro la situación.

Hay un refrán español que dice que “…quién la sigue la consigue…”, y según la prensa, el Sr. Alcalde de Muro se salió con la suya; a la fuerza pero se salió con la suya. Al final consiguió que la diligencia entrase en Muro de Alcoy, con el prejuicio que aquello suponía para el buen servicio del correo entre Alicante y Játiva, y las poblaciones por las que sí tenía establecido detenerse, entregar y recoger el correo, y dar un servicio de pasajeros acorde al momento.

No sabemos si la máxima autoridad de Muro, tuvo algún tipo de escarmiento o regañina.

Una mania con final trágico

Cualquiera de estas noticias aparecidas en prensa, de haberlas conocido el gran Alfred Hitchcock, les hubiera sacado buen provecho en forma de serie o película. La historia del correo, está llena de estas historias, peculiares y a veces asombrosas. De esta que vamos comentar, ya tuvimos ocasión de hacerlo en su momento en esta misma sección.

Nos ubicamos en esta ocasión fuera del territorio español. Viajamos hasta la ciudad belga de Amberes donde en el año 1883 tendría lugar un suceso que la pensa al dar la noticia tildó de “chiste”. El periódico alicantino “El Constitucional Dinástico”, en su edición del jueves 24 de mayo de 1883, nos despierta con una noticia en su página 3 con el titular de “El Chiste es original”, y viene a contarnos que hacía unos días tuvo lugar un luctuoso suceso en el que un cartero rural de la ciudad acababa su vida suicidándose. Este hecho podría no ser relevante, si no fuese que tras el suicidio de este funcionario postal, toda la población comenzó a recibir cartas escritas hacía mucho tiempo.

Una cantidad ingente de correspondencia empezó a llegar a su destino. Comerciantes que ya habían cerrado sus negocios recibiendo respuestas a solicitudes que ya ni se acordaban que habían hecho; acreedores, noviazgos que se interrumpieron porque el correo no llegaba, y muchas curiosas cartas que gran parte de la población no esperaba.

La razón, según nos cuenta la prensa, es la manía que tenía el suicidado cartero de almacenar correspondencia sin entregar, mania que llevó a cabo durante muchos años de trabajo en el correo belga. Pero una mania por almacenar correspondencia sin entregar, que al parecer no tenía un fin económico. Simplemente dejó de entregar la correspondencia lo que dio lugar a las autoridades postales a tomar la determinación de, una vez sabido de la situación, dar curso a toda aquella ingente cantidad de cartas y documentos, como si no hubiera sucedido nada más que un simple retraso en su entrega por una manía personal que tuvo alguien que no supo ejercer de cartero.

Cuando el peligro viene de los sellos

Aunque nos pueda resultar sorprendente y a la vista de lo que se ha expuesto anteriormente, esto del correo parece que sea un deporte de riesgo, pero ya con lo que aconteció en 1872, lo podemos afirmar con rotundidad.

Nos encontramos en Inglaterra y la prensa española se hace eco de una noticia publicada por la revista más prestigiosa en lo referente a filatelia que se publicaba en aquellos años: el The Stamps Collector´s Magazine (1863-1874). Según el periódico de la tarde “El Debate”, en su edición del viernes 6 de diciembre de 1872, un médico de la ciudad inglesa de Nottingham, recibió una carta con una firma para él desconocida en la que se le hacía una consulta que debía responder por correo, para lo cual se adjuntaban los sellos para su respuesta. Esta era una práctica habitual en la época, incluso hay noticias al respecto que también se hacía así en España. Hoy podría ser análogamente, esas consultas via whattsapp que se están implantando en los consultorios médicos privados y públicos.

Pues resulta que el médico procedio a dar respuesta a la consulta y para remitir la misiva, utilizó uno de los sellos que iban en el sobre, para cual “humedeció con la lengua” los mismos y los pegó al sobre correspondiente. Al poco de hacer este común proceso para enviar cualquier carta, se empezó a sentir mal fisicamente. Solo había usado uno de los 2 sellos, pero la patología presentada y que pudo contemplar un colega médico, les hizo pensar lo peor. El otro sello, fue remitido para su estudio y observación, y se determinó que el reverso del sello, en este caso los 2 sellos estaban “envenenados”.

Lo sorprendende de la noticia es lo que prosigue, ya que podemos leer que el gobierno británico, garantiza que de sus talleres no salen sellos que no han sido revisados uno a uno. ¿Y como lo hacen? Muy sencillo. Tienen personal dedicado a comprobar el reverso de los sellos, los llamados “palate proof), es decir “…una oficina en la cual, antes de ponerse los sellos a la venta, paladean cada pliego los mismo operarios que los han engomado…”. ¡Con lo mal que sabe esa goma que se usaba (y se usa) en los sellos!

A parecer esto de la goma de lo sellos llevaba de cabeza a muchos países. En Suecia, según nos dice este mismo periódico español en la misma nocitica, “…mezclan a la goma acibar (sustancia muy amarga), con el laudable fin de acostumbrar al público a que jamás los humedezca (los sellos) con la lengua…”.

Cualquier cosa sirve para que no resultes envenedado por culpa de los sellos de correos.

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