Apuntes Filatélicos
UNA
CENSURA SIN NADA QUE CENSURAR
Por José Ivars Ivars
Académico de la RAHFeHP
©Ifac Filatélico
En toda confrontación bélica, al menos en las que se conocen, ha habido
censura de todo tipo, pero especialmente en lo referente a temas postales. La
correspondencia era controlada para evitar desinformación o que se trasmitieran
mensajes poco “afines” a aquellos que controlaban la situación. Y en el caso de
la guerra civil española, la censura de la correspondencia, la ejercieron ambos
bandos, vencedores y vencidos, en el caso de los nacionalistas, incluso
terminada la guerra aquel 1 de abril de 1939. Lo podemos ver en la numerosa
correspondencia que tras el final del conflicto bélico, se generó y que paso
por las manos de los censores, que siguieron aplicando las leyes y normas establecidas
al respecto.
Y prueba de ella es esta carta – más bien tarjeta comercial –
circulada desde Dénia con fecha 08 de septiembre de 1939, y dirigida a Gijón.
Tarjeta que como vemos se remite desde la empresa juguetera dianense “Fábrica
de Juguetes Sport” de la familia
Sauquillo, empresa familiar que se incorporó a la fabricación juguetera a
partir de 1914, y que fue todo un referente en esta industria tan importante en
la Dénia de principio del Siglo XX.
Y cuando leemos con determinación el contenido de la tarjeta postal,
es cuando comprobamos que la correspondencia, fuese de quién fuese, se
censuraba toda, a pesar de que el contenido fuese del todo correcto a los ojos
del censor. La historia postal, esa ciencia que nos pone la historia en primera
persona, nos deja con esta tarjeta, un documento de relevancia, ya no solo por
la parte filatélico-postal, sino por el testimonio que trasmite en ella
Fernando Sauquillo, al redactar el contenido. Así podemos ver que el remitente
da contestación a una carta recibida a la que le contesta indicando que el
retraso se debió a “…reorganización de la
industria…”. Se conoce que la empresa de la familia Sauquillo, fue una de
las que sufrieron la conocida como “colectivización industrial”, en la que las
autoridades republicanas, tomaron toda aquella empresa que pudiera ser util a
la causa, siendo Juguetes Sauquillo uno de los principales empresas que
formaron la Industria Juguetera Cooperativa. La fábrica de juguetes de la
familia Sauquillo fue reconvertida para la fabricación de munición. Desde el 23
de febrero de 1937, el entonces republicano Ministro de Industria, D. Joan
Peiró, promulgó un decreto que otorgaba al Estado a intervenir e incautar
empresas, que según en que zona fuese, estaban gestionadas por el propio estado
e incluso por los propios trabajadores. Fueron tiempos dificiles para las
empresas en la comarca de la Marina Alta, y muy especialmente el sector
juguetero de Dénia.
La tarjeta postal prosigue en su contenido mostrando, por parte del
remitente, cierto malestar que expone abiertamente – no hay miedo a la censura
del contenido ya que lo que se dice es a favor de los vencedores -, su opinión
por quienes a su juicio fueron unos “…barbaros
dominadores marxistas...”, a la que llama también plaga social. Ni que
decir de la exaltación que del “Caudillo” hace y su agradecimiento por librar a
España de tanto mal. Logicamente con tal contenido, el censor no tuvo mucho
trabajo que hacer pero si estampó sobre la tarjeta el correspondiente cuño – o
marca -, que se usó al finalizar la guerra civil en Dénia. La tarjeta además,
lleva en su frontal la estampación, casi obligatoria por entonces, de una
exaltación a la causa, con la marca – no postal – “Viva España. Saludo a
Franco. Arriba España”, el mismo que aparece también en el la parte del texto
de la tarjeta.
Los inicios del uso de la censura postal en tiempos de la guerra
civil se podrían situar casi en el mismo instante en que esta dio comienzo. El
control de la correspondencia era primordial para que la información que podía
viajer de un lugar a otro, estuviese controlada en todo momento. Y aunque no
exista una normativa al uso para ella, al menos al principio, el propio Estado
de Guerra en su artículo 14º “…quedan en
suspenso todas las garantias individuales establecidas en la Constitución…”,
ya deja claro que las libertades conseguidas hasta el momento – julio de 1936
-, iban a estar en peligro, como así fue.
En el caso del gobierno de la República, tenemos documentada la
Orden de fecha 18.08.1936, siendo Ministro de Comunicaciones D. Bernardo Giner
de los Rios, que viene a decir que “…este
Ministerio viene adoptando medidas de toda índole tendente a impedir que sea
utilizado el correo para comunicarse los elementos facciosos con otros afines
situados en las provincias que pertenecen leales al régimen…”. En este caso
no se trataba de censurar la correspondencia y dejarla pasar; en ocasiones la
correspondencia quedaba retenida si fuese el caso.
Y esta censura postal, aplicada a la correspondencia, estaría en
vigor incluso finalizada la contienda bélica entre españoles – como hemos
podido ver con la tarjeta postal que hoy
es motivo de estas líneas -. Hasta el año 1940, se encargaría de ella el
estamento militar correspondiente, para posteriormente ya crear un cuerpo de
censores designados desde la Dirección General de Seguridad a través de los
Gobernadores Civiles de cada provincia. Finalmente el 18 de julio de 1945,
parece ser que la censura en España desaparece como tal, con el artículo 13º
del Fuero de los Españoles que establecia que “…dentro del territorio nacional el Estado garantiza la libertad y el
secreto de la correspondencia…”.
Una vez más, podemos llegar a afirmar que la filatelia y la historia
postal han de tenerse mucho más en cuenta de lo que se tienen. El correo genero
numerosa documentación que fue testigo directo de episodios de la historia que
gracias a esa correspondencia epistolar, hoy nos ayudan a descifrar y conocer
mucho mejor nuestro pasado, ese que nos ha de servir para aprender y que nunca
jamás vuelva a repetirse.
Cartas y tarjetas postales como esta, gracias a la mano del
filatelista – esta en concreto está a buen recaudo en una de las colecciones
calpinas de historia postal -, se han podido recuperar de una destrución
segura. No todo llega a los archivos y museos. La mano del coleccionista y su
buen hacer, contribuyen enormemente a que esta parte de nuestro pasado, siga
entre nosotros.


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