01 agosto 2026

MATERIAL FILATÉLICO "LIMITE" EN LAS COLECCIONES FILATÉLICAS: MISIVAS Y PANFLETOS EN TIEMPOS DE GUERRA

 

Apuntes Filatélicos

CUANDO DEL CIELO CAYÓ PAN EN MADRID

Por José Ivars Ivars
Académico de la RAHFeHP
©Ifac Filatélico

 

A veces nos puede crear cierta duda el saber que podemos considerar como “correo” y que no se debe considerar como tal, y por consiguiente no considerarlo apto para una colección filatélica. Los más puritanos nos responderían que, sin duda alguna, lo único válido para tratarlo como “correspondencia” es aquello que ha circulado por el correo, una afirmación algo ambigua cuando sabemos que en ciertos momentos de la historia, hay cartas, mensajes o escritos, que han sido transportados “fuera de valija”. Los menos puritanos vamos siempre un paso por delante, y siempre vamos a considerarcomo “correo” cualquier medio que hubiera servido para trasmitir algún mensaje o información – evidentemente con las excepciones de la telefonía y actualmente las nuevas tecnologías -.

La contienda bélica que vivió España entre los años 1936 y 1939, son un claro ejemplo de esta circunstancia especial en la que nos vamos a encontrar trasmisión de información y comunicación de una forma a veces poco análoga ó en circunstancias muy especiales. El hecho ya conocido de que España quedase dividida en 2 partes a medida que avanzaba la contienda, ya nos situa en un escenario donde los habitantes de un lado del conflicto, dificilmente se iban a poder poner en contacto, postalmente hablando, con los de la otra parte.

Y toda contienda bélica genera siempre, desde el punto de vista postal, una cantidad significante de documentos, a cual más interesante. España fue triste testigo de ello con su triste e injusta “Guerra Civil”, convirtiendo este episodio de la historia de España, en una fuente para los expertos filatelistas que han ido desgranando punto a punto la historia del correo durante los años 1936-1939, en ambos bandos ó zonas.

Y de toda esta documentación generada, existe un peculiar capitulo que no deja de ser cuanto menos curioso, a la vez que ciertamente es algo desconocido incluso para los filatelistas menos especializados. Tras el inicio de la Guerra Civil en España, aquel 18 de julio de 1936, la ciudad de Madrid resistiría el embesite de las tropas franquistas, y desde el otoño de aquel mismo año sufrieron el asedio durante casi 2 años, lo que mermó mucho la calidad de vida que los madrileños tenían. El hambre ante la falta de recursos, empezaba a hacer mella entre la población, lo que dio lugar a una de las escenas más singulares de la Guerra Civil: el bombardeo de la ciudad de Madrid por parte de las tropas de Franco, sustituyendo las bombas por Pan Blanco.

Era octubre del año 1938, y los madrileños se vieron sorprendidos por una lluvia de pequeñas bolsitas con un pan blanco en su interior. Supongo que vivirían la escena entre estupefactos y extrañados. De este curioso bombardeo, en su día habló en Calpe el Académico de la RAHFeHp, D. José M. Grandela Durán, experto en Astrofilatelia y gran conocedor de este tema que le llevaría a publicar su libro “Balas de Papel. Anecdotario de Propaganda subversiva en la Guerra Civil Española” (Salvat 2002). Y es aquí donde viene la parte que al filatelista le puede llegar a interesar. Estos bombardeos “sin bombas”, desde el punto de vista filatélico y atendiendo a esas pequeñas bolsas que contenían el pan entregado a la ciudadania de Madrid, son considerado como material interesante para según que colección de historia postal se trate. Eso sí, siempre como material límite, y muy específico para utilizar no en cualquier colección.

Si consideramos que cualquier mensaje que reciba la población, por el medio que sea, y dado que aquellas bolsitas llevaban un mensaje escrito para convencer a los madrileños que la solución a su problema y sufrimiento estaba en manos de Franco, se ha considerado este como material postal, siempre cogiendolo con lupa y pinzas.

El mensaje que recibieron los madrileños aquel 3-4 octubre de 1938 en las miles de bolsas que lanzaron sobre la capital de España los 30 aviones que se dispusieron para bombardear Madrid, decía así: “…No nos importa lo que penséis, nos basta saber que sufrís y sois españoles. En la España Nacional, «Una, Grande y Libre», no hay un hogar sin lumbre ni una familia sin pan. Mientras vuestros jefes exportan las cosechas y malgastan el oro en propagandas calumniosas o en comprar armas con que prolongar vuestra agonía, la España Nacional siente la angustia que padecéis, os envía esta muestra de su recuerdo, para los niños, las mujeres y los enfermos". Un mensaje que bien hubiera podido llegar por el correo convencional, pero en tiempo de guerra, eso es casi inviable e imposible. Madrid sitiado, tan solo tenía una opción para que la población recibiera estas proclamas que los expertos denominan como “guerra de mensajes subversivos”.

La entrega de estas misivas a los madrileños, obtuvo rápidamente una contundente respuesta de las autoridades republicanas de la capital. Así sabemos que tanto el alcalde de Madrid por entonces, como las autoridades militares de la ciudad, advirtieron a la ciudadanía que no debían consumir aquel pan caido del cielo, por poder causar trastornos digestivos, ó incluso con sospechas de poder estar envenedado, y ser una trampa maliciosa del bando nacionalista.

Durante todo el conflicto bélico español, y en tantas otras guerras acaecidas, el reparto de “octavillas” con mensajes de una u otra forma, ha sido una práctica habitual. Esta forma de comunicación, tal vez no postal, pero si interesante para el filatelista especializado en esta rama de la historia postal, ha generado una serie de material que hoy podemos ver más allá de archivos y museos, en colecciones filatélicas sobre la guerra civil.

La filatelia como tal, es toda una ciencia que además de contar con el sello como parte intrínseca de la colección, también se nutre de una serie de materiales y documentos que el filatelista ha de tener siempre muy en cuenta a la hora de realizar sus busquedas. Aquel pan caido del cielo, que seguramente sirvió de alivio al hambre que sufrieron los madrileños, hoy podemos ver su envoltura en colecciones filatélicas de alto nivel.