Lo que la prensa nos contó… (97)
RENCILLAS
ENTRE FILATELISTAS
Por José Ivars Ivars
Divulgador e Investigador Filatélico
©Ifac Filatélico
Lo de las rencillas entre filatelistas ha sido siempre un tema muy
recurrente para la prensa. Son muchas las historias, que a través de los
columnistas de tiempos pretéritos, nos han llegado, y donde el afán por poseer
algún ejemplar de sello destacable, ha sido el hilo conductor de la historia.
Unas veces, estas historias contadas a través de la prensa, no han pasado de
ser simples historias; otras veces, mucho más dramáticas, la situación ha
generado un verdadero conflicto de intereses, llegando incluso a situaciones
donde el asesinato de uno de los protagonistas, ha empañado tristemente estos
capítulos de la filatelia.
Hoy no vamos a hablar de crímenes ni de asesinatos. Eso lo dejaremos
para otra ocasión que nos pongamos a escribir un nuevo capítulo de esta gran
sección, en la que la prensa nos cuenta como se veía la filatelia de antaño. La
de hoy es una de esas columnas, en las que la prensa de la época concretamente
la de principios del Siglo XX, daban cuenta de lo acontecido entre 2
filatelistas extranjeros, que por la línea de sucesos que les llevaron a ambos,
se muestra el interés que esas historias filatélicas tuvieron para
el público lector en general.
Estamos frente a un ejemplar del periódico El Pueblo, el periódico
que editaria y fundaría en su día el valenciano D. Vicente Blasco Ibañez.
Este diario de corte republicano – como lo fue su Director -, se fundó en el
año 1894, editandose el primer número el 12 de noviembre de ese año. Por su
ideología republicana, finalizada la Guerra Civil, dejaría de editarse. En este
mismo periódico, en su edición del Domingo día 5 de febrero de 1911,
encontramos en su primera página, una columna bajo el título de “Visto
y leído. El Coleccionador de sellos”. Y esta columna es la que nos
cuenta una historia, que cuando termine de exponerla, vereis como os suena de
haberla escuchado o leído, en numerosas ocasiones, tal vez con diferentes
protagonistas pero con un final siempre muy similar y análogo.
Nos traladamos a la Rusia de la época, ya que al parecer la historia esta sacada de la prensa de aquel país, donde como en cualquier parte del mundo, la filatelia estuvo muy presente a finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX. Nos da un par de nombres: Mr. Stemmer y el Principe Trubetzkoi, y debo decir que del primero no he podido obtener datos concretos al respecto de su vinculación con el coleccionismo de sellos, y del “Principe”, aunque hay mucho publicado, especialmente por ser un notable lingüista ruso, de su pasión filatélica no obtuve resultados para compartirlos aquí.
Y la historia es la siguiente: Al parecer estos 2 amigos, que lo
eran, compartían una común afición, o pasión según se mire: eran filatelistas.
Y uno de ellos, concretamente Mr. Stemmer, pregonaba a los 4 vientos, ser
poseedor de 8 sellos, que creía eran únicos en el mundo. Y como en la filatelia
se dice que la envidia por lo que posee el prójimo, esta a la orden del día, su
amigo Trubetzkoi, también quiso poseer tan preciado tesoro filatélico. Es
evidente que su amigo no se iba a deshacer de ellos, por lo que buscaría la
forma de conseguirlos por otro medio. A través de numerosos anuncios en la
prensa de la época – no sabemos exactamente que sellos son y de cuando es la
rencilla esta entre amigos filatelistas -, trato de conseguir uno a uno esos 8
sellos que se suponían “únicos”. Y mira por donde quién la sigue, la persigue y
acaba consiguiendola… Por una notable cantidad -32.000 francos de la época -,
el “Príncipe” adquirió lo sellos, y los que parecían ser únicos ejemplares,
dejaron de serlo.
Esto envolvió a Mr. Stemmer en una especie de “crisis existencial”,
y se le empezó a salir esa demencia filatélica de la que muchos hablan, por una
cuestión de orgullo, más filatélico que otra cosa, y trato por todos los medios
de aquirir esos 8 nuevos ejemplares al precio que fuese. La situación debió generar muchas discrepacias entre ambos
coleccionistas, y no menos tensiones, hasta que el “Principe” acepto 62.000
francos – siempre según cuenta la columna del periódico “El Pueblo” -, por tan
mágnifico lote de 8 sellos – casi el doble de lo que por ellos había pagado -.
Tras la operación de compra-venta, Mr. Stemmer se convirtió en el
único poseedor de 16 sellos únicos que tenía dobles, y cuya reacción fue la que
a la prensa sorprendio totalmente: Mr. Stemmer, cogió los 8 sellos
recientemente adquiridos, y con manos temblorosas los arrojó, sin dudar un
segundo de lo que iba a hacer, los arrojó al fuego, exclamando “…Ahora
si que los mios son verdaderamente los únicos del mundo…”.
No es de extrañar con este tipo de historias, que la prensa empiece
la historia extrañándose de hasta donde esta dispuesto un coleccionista a
llegar por poseer un sello – o varios -, considerados únicos en el mundo.
Una historia que bien podría tratarse del argumento de una novela,
donde el coleccionismo de sellos muestra que es una pasión que para algunos es
desmesurada, aunque como hemos dicho al inicio, hay muchas otras que también la
prensa nos contó, y donde el final es mucho más trágico que el de hoy.
Pero eso ya será otra razón para seguir contando lo que la prensa
nos contó.
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