Apuntes Filatélicos
UN
INESPERADO SELLO PARA DÉNIA
Por José Ivars Ivars
Académico de la RAHFeHP
©Ifac Filatélico
Las emisiones de sellos que año tras año saca Correos, siempre han
de mirarse con lupa porque siempre encontraremos algo que nos resultará
familiar o conocido, o simplemente despertará la curiosidad de investigador
filatélico que indagará más a fondo de lo que se ve a simple vista. Esto mismo
es lo que le pasó al filatelista Tino García, experto en ver más allá de una
simple imagen, que fue quién nos puso sobre la pista.
El pasado mes de octubre, el ente postal español ponía en
circulación un sello y una tarjeta prefranqueada dedicada al oficio de
“Fogonero”, dentro de la serie “Oficios Antiguos”, y aunque a simple vista se
trataba de una emisión que poco podría decirnos a la filatelia de la comarca,
la observación de las imaganes utilizadas, nos deparó una grata sorpresa.
Correos utilizó para el diseño del sello, la imagen de una locomotora de carbón
– o de vapor -, pero no una locomotora cualquier, sino que la imagen del sello
nos muestra la Locomotora 82, qué quienes están puestos en materia, saben que tiene
mucho que ver con aquella mítica línea “Carcaixent-Gandía-Dénia”.
Se da la casualidad que esta es una de las 2 locomotoras que en el
año 2021, el Ayuntamiento de Dénia tenía en mente pedir su protección a través
de declararlas como B.I.C. por su importancia histórica. En un artículo firmado
por el periodista Sergi García, se da cuenta de este proceso para la
recuperación de las mismas que “…se
encuentran al interperie en un depósito de chatarra…”, según le cuenta el
concejal de Cultura de Dénia, Raúl García de la Reina, al propio periodista.
La historia de esta locomotora tan sigular que ahora ya tiene su
propio sello, radica especialmente en tratarse de las primeras locomotoras que
se adquirieron para incorporarlas a la línea férrea Carcaixent-Gandía-Dénia, que aunque primeramente fue de tracción
animal, Tram-way de sangre, en su
inicial itinerario entre las estaciones de Carcaixent y Gandia, y no habiendo
podido resultar lo rentable que se esperaba, finalmente y antes de que la línea
llegase a Dénia el 30 de marzo de 1884, este ferrocarril fue adquirido por D.
José Campo Pérez, el Marqués de Campo, quién con la concesión en la mano ya lo
dotó de sus primeras máquina a vapor.
A falta de que los expertos en materia ferroviaria nos lo
corroboren, esta máquina en concreto, la locomotora 82 que aparece en el sello
y por la que el Ayuntamiento de Dénia solicitó a la Consellería de Educación,
Cultura y Deporte de la Generalitat Valenciana, la conservación y declaraciónb
de la misma como B.I.C., inició su andadura en tierras onubenses, concretamente
en la conocida como cuenca minera de Rio Tinto, una explotación que los
ingleses pusieron en marcha a partir de 1875, y que supuso la creación de una
red de líneas de ferrocarril tanto para el transporte de mercancias como de
pasajeros. Y al parecer fueron adquiridad por el Marqués de Campo cuando
conseguiría la concesión de la mencionada línea “Carcaixen-Gandía-Dénia”. Es
evidente que es parte de la historia de esta tierra, y de su gente.
¡Y también del correo en la comarca! Hasta ahora siempre nos hemos
referiado al ambulante cuando hemos hablado del hecho de que esta línea fuese
la primera que haría cambiar sustancialmente la forma de transportar el correo
en la comarca. Hasta entonces tanto las conducción Valencia-Dénia, como
Alicante-Dénia, se hacía en carruajes – en el mejor de los casos -, o
simplemente a caballo o a pie. Con el ferrocarril, ya nada sería igual y a
pesar de las muchas quejas que conocemos por el retraso que estos sufrían, se
facilitó esencialmente el envío y recepción de correspondencia, algo que
beneficiaría tanto a la población de la comarca como a su tejido empresarial.
Hay que recordar que en su primer trazado, y siendo este todavía de
tracción animal, ya se dispone de una Real Orden de fecha 29 de febrero de 1876,
en la que se indica que “…para el
servicio de correo de tramvia (sic) de
Carcagente a Gandía, y para ello se crearan 2 puestos de de conductores (de
la correspondencia se entiende) uno para
cada tramo, ascendente y descendente, y con el haber anual de 650 pesetas
anuales…”. La escasez de cartas que de aquella época han llegado hasta
nosotros, nos hace no poder afirmar si en este primer periodo del ambulante, se
le dotaría de marca – desconocida hasta la fecha – que se usase en la correspondencia,
como sería de esperar, para anular la correspondencia que a bordo de estos
trenes, circulaban de un punto a otro. Las escasas también que ha sobrevivido y
que hoy están principalmente en manos de coleccionistas y especialistas en
Historia Postal, soy ya del periodo en el que el ferrocarril llegó a Dénia – a
partir de abril de 1884 -, siendo la más antigua conocida una carta circulada
de Dénia a Toronto (Canada) con fecha de salida el 5 de noviembre de 1886, dato
que se conoce por la estampación de una marca comercial de la empresa
remitente, V. Oliver, ya que la primera marca postal usada por el ambulante
Carcaixet-Gandía-Dénia, no llevaba fechador; consistia en una marca muy
sencilla con los nombre de las poblaciones de origen y destino, Carcagente
Dénia, encerradas en un rectángulo.
No podemos afirmar tampoco, si la petición de B.I.C. para estas
locomotoras llegaron a buen puerto – o a buena estación según se mire -, ya que
la prensa no se ha vuelto a ocupar del tema, y menos de la respuesta que se dio
por parte de Conselleria. Se sabe que estas máquinas, junto a otras, fueron
adquiridas por una empresa de desguaces de Zaragoza, Industrias López Soriano,
cuya finalidad será la de darle otro uso industrial a todo ese amasijo de acero
que componen estas máquinas, parte de la historia de un ferrocarril y supuso un
gran cambio en la sociedad de la época.
Nos congratula como filatelistas, poder ver que si finalmente el
Ayuntamiento de Dénia, no obtiene los objetivos de recuperación de este Patrimonio
Cultural e Histórico, al menos Correos nos ha inmortalizado para siempre, esta
máquina, que tiro con fuerza de aquellos vagones y de aquel ambulante que
transformó la forma que la Comarca de la Marina Alta tuvo de recibir y enviar
la correspondencia a finales del Siglo XIX.



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