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15 marzo 2025

Apuntes Filatélicos: EL CORREO EN LA ENTIDAD MENOR DE JESUS POBRE

 

Apuntes Filatélicos

AQUELLOS CARTEROS-PEATONES DE JESUS POBRE

Por José Ivars Ivars
Académico de la RAHFeHP
©Ifac Filatélico

 

Recientemente se conocía la noticia de que los habitantes de Jesús Pobre, iban a tenerlo mucho más fácil en asuntos postales al crearse una “oficina rural” en la población, y con ello dejar de tener que depender, en la medida de lo posible, de la principal de Dénia. No será la solución, puesto que la apertura de este tipo de oficinas rurales, son de escasas horas, pero al menos aliviará sin duda, poder realizar, según que gestiones en Correos, con el consabido desplazamiento para por ejemplo entregar o recoger una simple carta o tarjeta postal.

Esta “entidad menor” dependiente administrativamente de Dénia, con sus cerca de 900 habitantes y ubicada entre las poblaciones de Gata de Gorgos (2 km), Jávea (10 km) y Dénia (8 Km), siempre ha disfrutado de un servicio postal dependiente de unos y otros. Los datos históricos que se tienen, como tantos otros de otros enclaves de la comarca, son escasos y poco definidos. Eso no significa que sus habitantes a lo largo de la historia, y ya en los siglos XVII y XVIII, estuvieran sin correo alguno, y más sabiendo que la población se originó en 1642 alrededor del Hospicio de Jesús Pobre, perteneciente a la Orden de los Franciscanos, religiosos que como tantos otros mantuvieron ya en esa época una cierta correspondencia con sus afines de otros lugares, en ocasiones con conducciones de la correspondencia establecidas por ellos mismos.

Aunque ahora sepamos que su dependencia postal estaba vinculada a Dénia, desde siempre las cartas y otros documentos, le llegaban a través del correo, con toda seguridad en la conducción del correo que se fue estableciendo entre finales del Siglo XIX y principios del XX, entre Gata y Jávea – ó Jábea como suele aparecer en los documentos postales del momento -, o viceversa. A esta comarca el correo llegaría por diferentes caminos o itinerarios, en función de la época a la que nos refiramos. Así por ejemplo, Joseph Mathias Escrivano en 1767 cita que entraba desde Valencia por Gandía, Oliva, y Dénia, hasta incluso llegar a “Xabea” (sic), o incluso el valenciano Pedro Juan de Villuga en su repertorio de 1546, citará el famoso “Camino Llano de La Marina”, donde desde Valencia va citando las paradas de postas que había que una vez llegaba a Dénia, pasaría por “Xabea”, Teulada, etc.

El establecimiento de las 2 líneas de ferrocarril, primero la Carcagente-Dénia y posteriormente la de Alicante a Dénia, y sus respectivos “Ambulantes”, agilizaron sin duda todo este correo en la comarca.

La primera noticia del peatón que conducirá la correspondencia entre Gata de Gorgos y Jávea, y con ello entregando en Jesús Pobre, lo encontramos a mediados del Siglo XIX, donde algunos medios, dan cuenta de la plaza vacante que existe y que se ha de cubrir “…con personal licenciado de los ejércitos…”, o incluso se citan los conductores peatones que debían hacer dicho servicio. Por entonces, esta correspondencia se recibía en Gata de Gorgos, a través de la conducción entre Alicante y Dénia, que era servida generalmente a caballo o en carruaje, conducciones establecidas con unas normas muy estrictas de obligado cumplimiento. Por entonces Gata de Gorgos era una simple “Cartería” con una limitación postal determinada, pero Jávea ya tenía el estatus de “Estafeta”.

Como peatones-conductores a servir la conducción entre Gata de Gorgos y Jávea, se conoce a D. Tomás Alberola Vallés (1886) que no tomaría posesión de su cargo “por no saber ni leer ni escribir”, muy habitual en aquellos años.


Con el Siglo XX, a partir del año 1931, en las notificaciones de Correos, ya se hace constar que el cartero-peatón de Jesús pobre “…recoge y entrega en la Estafeta” de Gata de Gorgos. Ya en el Siglo XX, encontramos los siguientes: D. Francisco Redondo Ruíz, cartero-peatón de Jesús Pobre con obligación de recoger y entregar en Gata de Gorgos, y con el haber anual de 500 pesetas, que causaría baja en el servicio en agosto de 1930. A principios del año 1931 se informa del alta en el mismo cargo a D. Andrés Coronado Robles, esta vez con un haber anual de 625 pesetas. Por la Gaceta de Madrid de fecha 14 de diciembre de 1930, sabemos que Andrés Coronado Robles, fue Cabo del ejército español, y por ello accedió a la plaza de cartero-peatón.

Para el año 1935, el Diario Oficial de Comunicaciones (Nº3160 de 08.02.1935), anuncia la vacante en esta plaza de cartero-peatón “interino”· de Jesús Pobre, con una haber anual de 900 pesetas. Para este puesto, se nombró a D. Antonio Diego Fernández, quién sustituiría al anterior que era D. Antonio Pedro Fornes. Es de destacar que el Sr. Diego Fernández cesaría en su puesto en la fecha del 4 de julio de 1935, y volvería a ocupar la plaza el Sr. Pedro Fornés, con las mismas obligaciones y sueldo establecido. Cabe que todos estos notables cambios, fueran debidos a contratas irregulares, ya que Correos en marzo de 1936, se ve en la obligación de cesar nuevamente a D. Antonio Pedro Fornes, y restituir en su cargo a D. Antonio Diego Fernández.

La historia postal de esta entidad menor ó “EATIM” como se le suele denominar, ha sido muy cambiante como vemos. Incluso hace años, concretamente en el año 2022, fue adscrita a la Oficina de Correos de Teulada, aun estando más cerca la de Gata de Gorgos, pero a veces con Correos uno no sabe si esos repartos de oficinas que hace, son del todo los más adecuados para la población.

En pleno Siglo XXI, con una era digital que nos acecha, el correo convencional sigue teniendo la importancia que tuvo en siglos pretéritos, y estos servicios esenciales para la sociedad, no se pueden ni se deben olvidar. Por pequeño que sea el núcleo poblacional, la sociedad tiene derecho a que el correo les llegue, y si es con prontitud y sin demora mejor que mejor.

26 agosto 2023

Apuntes Filatélicos: DETALLES DE AQUELLOS CARTEROS-CONDUCTORES DE LA CORRESPONDENCIA

 

Apuntes Filatélicos

AQUELLOS PEATONES-CARTEROS

Por José Ivars Ivars
Académico de la RAHFeHP
©Ifac Filatélico
 

En realidad su denominación oficial tal y como aparecen nombrados en todos y cada uno de los oficios, decretos y circulares que durante años Correos fue publicando, es el de “peatones-conductores”, y en ocasiones se les pone la indicación de “peatones conductores de la correspondencia”. De ellos hemos hablado en numerosas ocasiones en esta misma sección, y hemos ido conociendo poco a poco, incluso con nombres y apellidos, quienes desempeñaron ese importantísimo papel del transporte de la correspondencia en la comarca de la Marina Alta, durante el siglo XIX y principios del XX.

Llevar o distribuir la correspondencia de la época dentro de las poblaciones importantes, fue una tarea que requería ciertos conocimientos sin los cuales no se accedía a la plaza de cartero, pero el cargo o puesto de peatón-conductor, requería además de valor y sacrificio al tratarse en muchas ocasiones de gente que llevaría la correspondencia por el interior de aquella comarca del Siglo XIX, que nada tiene que ver con la que hoy conocemos, con caminos polvorientos, solitarios y peligrosos, y que quienes los transitaban debían conocer para recorrerlos en el menor tiempo posible.

Y generalmente, como bien indica su nombre, cumplían con su cometido de carteros rurales, haciendo el recorrido a pie. Pocas veces se contemplaba que fuese a lomos de caballería, cuando ese “plus” no iba a ser compensado en el salario recibido, lo que hace de estos carteros, gente dura y curtida en su quehacer.

Documento que refleja el pago a Gabriel Blanquer en 1837, por parte del Ayuntamiento de Calp, por la conducción de la correspondencia entre Calp y Dénia. Archivo Andrés Ortolá.

Para conocer un poco mejor a estos carteros, nos fijaremos en la Real Orden del 26 de junio de 1861, que firmaría el Ministro de Guerra, D. José Posada Herrera, siendo Director General de Correos D. Mauricio López Roberts, en forma de Instrucción para los peatones-conductores de la correspondencia pública, que ya de entrada describe a quienes ejercían el cargo como “…de conducta intachable…”, dado que por ello se le confía el secreto de la correspondencia que transportan. Además ha de ser puntual en todo momento y serio a la hora de realizar su trabajo.

Su cometido consistía en recibir la cartera cerrada con la correspondencia que debía entregar a domicilio en las poblaciones que hubiera en el trayecto o conducción correspondiente, por lo que recibiría su correspondiente sueldo y además una gratificación que se le entregaba en el domicilio al que dejaba la carta o misiva. Esta gratificación varió a lo largo de los años, y por ejemplo en 1861 era de ¼ -o cuartillo- por cada carta, precio que abonada quien recibiera la carta independientemente de que esta ya estuviese franqueada. Hay que recordar que si bien en España el franqueo previo de la correspondencia empezaría en 1850, no fue obligatorio  en todo tipo de correspondencia hasta 1856.

Si en su recorrido, pasaba por alguna población con “Cartería Oficial”, era misión del cartero encargado de la misma, el recibir la correspondencia que llevase el peatón-conductor, y entregarla a domicilio, o hacer la correspondiente lista para que los convecinos supieran que tenían carta. Y siempre el recorrido que hacían era de ida y vuelta, pasando por los mismos puntos y poblaciones; un recorrido completo que suponía muchos kilómetros al cabo del día, por lo que se solía siempre empezar muy temprano, incluso con el sol todavía por salir.

Estos intrépidos carteros rurales, para acceder al cargo debían saber en todo momento leer y escribir, condición que ya era de obligatorio cumplimiento en 1839, pero que no siempre se cumplían dándose casos en los que quienes iban a ocupar algunas de las conducciones postales, no se presentaban a su puesto tal vez porque ni sabían leer ni sabían escribir.

Otra de las prohibiciones que tenían era la de transportar cualquier tipo de correspondencia fuera de valija, salvo la excepción de aquellas cartas que recogían en descampados o caseríos -casas de campo, etc.-, siempre que estas cartas llevasen los correspondientes sellos postales acordes a la tarifa. Pero como todo en la vida, de estos casos de incumplimiento de la norma, hay muchos ejemplos de cartas circuladas fuera de valija.

Detalle de sendos anuncios publicados en El Liberal (Alicante) haciendo referencia
a los peatones-conductores que sirvieron por tierras de la comarca.

Pero no todo iba a ser desventajas para estos servidores postales. La instrucción citada de junio de 1861, deja claro que “…el peatón conductor de la correspondencia es un empleado público a quién se guardarán en los actos  del servicio las exenciones que las leyes conceden, pudiendo reclamar de las Autoridades el auxilio que necesitasen para el buen desempeño de su cargo…”. Es decir que por ejemplo si no habían cumplido el servicio militar, estaban exentos de ello, y cualquier autoridad debía corren en su auxilio si así lo precisase.

Aun así, este cargo de servidor postal no debió de ser muy goloso para los que lo pretendieron ejercer. Tenemos datos más que suficientes de personas que en la comarca ejercieron como tales durante un corto periodo de tiempo. Este hecho se repetiría durante todo el Siglo XIX, donde por ejemplo Antonio Camacho Perelló fue sustituido por Manuel González, en 1811, como peatón de la conducción de Ondara a Mirarrosa, pasando por Miraflor y Sella.

En 1887 la conducción de la correspondencia de Dénia a Lliber por Pedreguer, la Llosa de Camacho, Alcalalí y Jalón, la ocupaba el peatón-conductor Pedro Femenia Sanchis, nombrado en el mes de enero, y en octubre de ese mismo año ya la ocupaba Juan Bautista Ferra Gadea, que tan solo estaría en el cargo un mes y medio escaso; causaría baja de la misma el 25 de noviembre de 1877.

Son muchos los datos que nos darían una visión algo más amplia de cómo fue la tarea que estos intrépidos carteros llevaron a cabo, y especialmente quienes fueron estos personajes de la historia postal de la comarca, que formando parte de la historia, esta se les ha arrebatado, casi llegando al completo olvido de que un día el correo por el interior de nuestra comarca, se transportó a pie, por intransitables caminos que hoy casi ni existen.