12 febrero 2023

Lo que la Prensa nos contó... BUSCANDO EL SELLO AZUL DE MAURICIO

 

Lo que la prensa nos contó… (XI)

TODO POR UN SELLO

Por José Ivars Ivars
Divulgador e Investigador Filatélico
©Ifac Filatélico

 

¿Qué estarías dispuesto a hacer por conseguir ese sello que tanto ansías tener? No sé si te has hecho esta preguntar alguna vez. La historia nos desvela en ocasiones que todo vale por conseguir ese sello deseado, y si el sello es de los raros e inalcanzable, el deseo de tenerlo puede que te lleve a hacer cosas inimaginables. Cierto periódico murciano, El Diario de Murcia (27.05.1891), lleva en su interior (pág. 3) un artículo titulado “Sellomanía”, que nos viene a demostrar que eso de coleccionar sellos, también tiene su parte romántica.

De entrada ya el titular viene a reflejar que ciertos individuos a finales del Siglo XIX, se seguían sorprendiendo de la figura del filatelista como algo normal. Añadir la terminación “manía” al sello, fue habitual de ciertos círculos que no llegaban a entender como un pedazo de papel que se usaba para el franqueo de la correspondencia, podía tener vida propia y muy interesante, una vez servido para su fin. El inicio del artículo, que nos llevará a lo que realmente nos trae hoy a esta sección, insiste en que esto del coleccionismo de sellos, ni tiene futuro, ni es cosa seria. Describe el filatelismo como algo en decadencia (tal vez lo dice cuando más en auge estuvo la filatelia en toda Europa), que solo frecuenta círculos infantiles y ya no tanto grupos de “…gente seria…”. Ante eso mejor no opinar, porque no vamos a sermonear al inculto periodista.

Pero la historia que nos cuenta, es la que realmente nos interesa hoy. ¿Qué harías por conseguir tener un sello valioso? ¿Todo? ¿O casi todo? Pues al parecer en esa época, cierto coleccionista que habitaba en la filatélica Isla de Mauricio (lo de adjetivar como filatélica a esta isla es por su famoso sello), decidió un buen día insertar un, cuanto menos curioso, anuncio en la prensa, y nada más y nada menos que buscaba esposa. Pero no le valía cualquier mujer de la isla o de cualquier parte del mundo. Los requisitos se las traía.

El anuncio decía así: “…Un coleccionista de sellos, dueño de una colección de 12.544 idem, desearía contraer matrimonio con una señora que fuera también coleccionista ferviente y que poseyera el sello azul de un peny de la Isla de Mauricio del año 1814…”. ¿Estamos ante un caso de romanticismo filatélico, o más bien un matrimonio de conveniencia?

La verdad sea dicha. Las exigencias del casamentero filatélico, no son del nada descabelladas si pensamos que se trata de uno de los errores más importantes que ha dado la filatelia mundial, porque aunque no lo indique, ese sello que pide a cambio de ser marido de alguien, es el error “Post Office” en color azul de la Isla de Mauricio, que hoy en carta rondaría los cerca de 3 millones de euros.

Lo que llama la atención del anuncio es que, el futuro novio solo revela la cantidad de sellos que tiene en cifras, que para el año en que fue publicado el artículo, finales del Siglo XIX, muchos son, salvo que incluyese incluso los repetidos que tuviese. Lo que no menciona, por si acaso, es si entre los más de 12.000 que atesora, hay alguno que tenga el valor que tenía el deseado “Post Office”.


El artículo prosigue en el mismo tono que empezó, con cierta ironía o tal vez sorna, o incluso sarcasmo, fijando una conversación imaginaria entre los esposos, que al tener como común afición la Filatelia, su luna de miel sería una continua charla a cerca de sellos, y demás.

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